junio 19, 2011

Sol sistere (Sol quieto)





La mocedad es un sol de verano.
Edgar Allan Poe

Noche de San Juan, fuego, mar y estrellas. Celebremos la vida.



Hay hechos que no importa lo gastados o trillados que sean, siempre mantendrán vigencia. Uno de estos es sin duda iniciar una conversación hablado del clima, en los últimos meses en este mi país el calor es uno de los temas más conversados (solo superado por la violencia, y bueno  –tristemente también- el futbol)  y es que no es para menos, algunos medios informan que las temperaturas que nos azotan son las más altas desde hace 70 años, y además estamos entrando a una feroz sequía que seguramente causará enormes estragos a lo que queda del campo mexicano.

Y como a final de cuentas, todos pertenecemos a la presuntuosa especie apelada; homo sapiens, las especulaciones a este “inexplicable” cambio en la temperatura, no se han hecho esperar. Por lo que este, su humilde bloguero ha tenido que recetarse toda clase de teorías conspiratorias, desde las más ingenuas hasta las más retorcidas, de la que son capaces de forjar la mente humana misma que se encuentra a punto de cocción–literal-.

Hace unos días escuche en el trasporte público, una conversación –y pá que no me vayan a culpar de entrometido- debo señalar en mi defensa que los decibeles con se expresaban tales personajes, hacían inevitable enterarse de su perorata.

La discusión orbitaba desde luego acerca del clima, y en un último exabrupto dándole punto final a la cuestión, el más escandaloso sentenció: “Lo que le pasa a este planeta, es que ya no tiene estaciones; ¡Por eso la calor!”. ¡Ah chingá! –reflexioné-.

Y como una cosa lleva a la otra, recordé que precisamente estamos a unos días de que haga su aparición él, poco publicitado; Solsticio de verano, así que me dispongo a escribir una entrada sobre las estaciones del año y muy especialmente sobre el solsticio de verano -quizá innecesaria- porque es más que improbable, que el aludido gritón, coincida en este espacio. Pero como a final de cuentas esta bitacorita, la ocupo más como reflexión personal, que de divulgación, pues ahí voy:

El movimiento de los astros, es bien conocido desde hace milenios, concretamente en estas latitudes mexicas nuestros ancestros, conocían tan bien esos movimientos que dejaron legado de su lucidez en un sinnúmero de edificios arquitectónicos. Por otro lado, el hecho –también evidente- es que la población promedio desconoce, mencionados movimientos. Lo cual no significa que estos no existan, ya que como dicen que dijo, el buen Galileo “Y sin embargo se mueve”.

Cualquier homínido que tenga a bien observar su entorno, se habrá dado cuenta que el sol –en su movimiento aparente- sale por el oriente y se oculta en el poniente, y con un poco mas de atención se habrán percatado que el buen Tonatiuh –como lo nombraban los mexicas- jamás nace y se pone en el mismo lugar, sino que realiza un movimiento sobre el horizonte de norte-sur en verano y de sur-norte en invierno,  es decir el sol va avanzando diariamente sobre el horizonte una posición más con respecto al día anterior, llegando a un punto extremo al norte, para luego regresar a su posición central y continuar al otro extremo al sur, en un vaivén permanente. Los puntos de recorrido máximos –en los extremos- se conocen como Solsticios, y como bien habrán deducido entre ambos extremos se encuentra el punto medio conocido como Equinoccio. Tonatiuh tarda un año en ir y regresar de un extremo a otro, pasando dos veces por el centro. De esta observación los Ilhuicatlamatini –antiguos sacerdotes astrónomos- pudieron deducir el movimiento de traslación que realiza nuestro solecito.




Este movimiento llamado de traslación, combinado con el de rotación –movimiento de la tierra sobre su propio eje- por si solos no sería capaces de propiciar las estaciones del año, ya que si la tierra girara totalmente vertical respecto al plano de la órbita, en su trayectoria alrededor del sol, el clima prácticamente no variaría en nuestro planetita. 






El tercer involucrado pá que esto suceda es la inclinación del eje terrestre, que según dicen es de 23.5º aproximadamente. Esto provoca el efecto de las estaciones, es decir cuando el sol esta posesionado en el punto medio –equinoccio- sus rayos caen perpendicularmente sobre el ecuador, concibiendo que él día y la noche sean de la misma duración, conforme se aleja de esta posición irá calentando cada vez más al norte, mientras los días serán cada vez mas largos, hasta llegar al paralelo superior al que nombramos trópico de cáncer, ese punto máximo es el solsticio de verano, de ahí regresará provocando días cada vez más cortos al ecuador. 

Y seguirá su trayectoria para atiborrar de su calor la parte sur, hasta su punto máximo, solsticio de verano, pero ahora instalado en el trópico de capricornio en el hemisferio sur, mientras en su contraparte norte estaremos festejando el solsticio de invierno.





Solsticios y equinoccios son los protagonistas de los cuatro instantes astronómicos que cada año producen los cambios de estaciones, obviamente esta modificaciones se produce constante, gradual y paulatinamente, en el trascurrir de las semanas y meses.

Sin duda los equinoccios –primavera y otoño-son y han sido a lo largo de la humanidad motivo de festejos religiosos y paganos y de insustituible valor para el mejor aprovechamiento de las cosechas. Baste por si solo el extraordinario espectáculo que nos brinda la pirámide conocida como el palacio de Kukulkán en Chichén Itzá, México.



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El solsticio de invierno a diferencia del prácticamente relegado solsticio de verano, era y es festejado, invariablemente en todas las civilizaciones humanas, en el caso particular de la cultura mexica, el día y la noche representaba la eterna lucha del bien contra el mal, y cada amanecer simbolizaba el triunfo del sol sobre la oscuridad, a lo largo del año se podía percibir como el poder del sol –es decir la duración del día con respecto a la noche- iba perdiendo terreno, hasta llegar al equinoccio de otoño –donde se equilibraban fuerzas- y partir de ahí, el día perdía paulatinamente duración, hasta llegar a su punto más débil precisamente en el solsticio de invierno, por eso se imploraba y se le otorgaban sacrificios con el fin de que se restableciera, y como buenamente lo imaginan, a partir de ese punto el sol recobraba fuerza e iniciaba de nuevo el transito hasta volver equilibrar fuerzas en el equinoccio de primavera, y de ahí fortalecerse hasta su punto máximo –en el equinoccio de verano- donde iniciara nuevamente su declive y su lucha eterna.

Es por eso que la siempre presente y abusiva iglesia católica, determinó suplantar esta ceremonia universal, por la natividad, es decir el nacimiento del dios Cristiano, lo que le permitió apropiarse de la celebración pagana y convertirla a su conveniencia. Como tampoco es casualidad que el equinoccio de primavera coincida con la pascua y semana santa. Y ya que andamos en estos menesteres quiero desde aquí, lanzar una convocatoria para reivindicar el solsticio de verano, que de los cuatro instantes astronómicos es el más olvidado. Que por cierto hará su aparición este año, el 21 de junio a las 17:17 hrs. U.T.C. (tiempo del meridiano de Greenwich) 12:17 hrs. (lapsus corregido) tiempo de México Tenochtitlán.

Así que propongo festejar “La noche de San Juan” (alejada desde luego de su concepción esotérico y religiosa) de manera mucho más lúdica, leyendo la luminosa obra “El Sueño de una Noche de Verano” –fascinante comedia- escrita en verso y prosa por William Shakespeare.

Esta historia trascurre en Atenas, precisamente en el solsticio de verano, la noche más corta del año.

Esa noche Teseo se casará con Hipólita, pero la invasión en escena de dos jóvenes que se disputan el amor de Hernia, que junto con la atormentada Helena desquiciaran la boda, llenando el festejo con una insólita suma de enredos, a los que se involucraran personajes mágicos –hadas, duendes y demás- quienes retozaran con el amor de los protagonistas, desplegando una historia francamente esplendorosa, con final feliz.

Ahora que si desean ver la película, la dirigida por Michael Hoffman, con Kevin Kline (Bottom), Michelle Pfeiffer (Titania) está bastante recomendable.





Por mi parte ese día espero poder tomarme una jarrita de tinto de verano, con un buen plato de chapulines de Oaxaca, y mientras le finjo sumisión a Tonatiuh, bajita la mano le pediré a Tláloc, que de una vez por todas nos mande las tan apremiantes lluvias.