Mostrando entradas con la etiqueta memorias. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta memorias. Mostrar todas las entradas

septiembre 06, 2012

La rodilla de la discordia




La ignorancia produce confianza más frecuentemente que el conocimiento: son aquéllos que saben poco, no los que saben mucho, los que con tanta seguridad afirman que tal o cual problema no será resuelto nunca por la ciencia.
Charles Darwin 



Recién la semana pasada acomodé algunos horarios, reprogramé algunas obligaciones administrativas y deslicé una o dos mentirillas piadosas, para tener libre el lunes 5 de septiembre y lanzarme con lo mejor de mis enchufes neuronales a la jornada inaugural de la “Semana de la ciencia y la innovación 2012” con sede en el maravillosísimo Palacio de Minería, obra maestra del neoclasicismo, obra del insigne artista valenciano Manuel Tolsá, mismo que también nos obsequiara la escultura ecuestre del nada glorioso Carlos IV misma que se encuentra precisamente enfrente, y que todo chilango que se respete la conoce con el cariñoso mote de “el caballito”.

Así que a eso de las diez y cuarto de la mañana, me encontraba plácidamente postrado en el patio principal del edificio justo para oír los discursos oficiales que si bien fueron desangelados, tan de buen humor estábamos los presentes que les dimos su buena aplaudida.




Alrededor de las once y media presentaron al primer conferencista magistral: Albert Fert, premio nobel de Física 2007; este fue el primer plato fuerte de la semana y una de las razones principales de mi presencia, ya que pesar de mi incipiente conocimiento de los temas, me atraía enormemente estar frente a un premio nobel y que mejor que este fuera de Física. Debo reconocer que la exposición intitulada: “Electrónica de espín; electrones, espines, computadoras, teléfonos y tecnologías de futuro”. Me causo una sensación de desamparo intelectual, aun así no me rajé y le puse rete harta concentración y al final logre concluir la experiencia con la dignidad más o menos preservada.

Fue así como al salir del Palacio de Minería decidí andar sin rumbo fijo por estas calles que nunca dejan de sorprenderme, si bien esta vez el tremendo calor y la azarosa pero kilométrica ruta terminaron por agobiarme. Y como siempre ocurre en estos casos mi rodilla empezó a quejarse amargamente, a pesar de que tengo algún tiempo ayudándola -muy al estilo House- con un bastón a manera de placebo, en lo que confirman la fecha de la cirugía, misma que –espero- ponga fin a sus dolidos pasos. 

Por lo mismo dispuse regresar al Zócalo capitalino y de ahí tomar el transporte público correspondiente. 
Aun caminaba embebido y desconcertado por la experiencia conferencistica vivida, por lo que tardé en percatarme, que todas las calles aledañas a Palacio Nacional estaban más que resguardadas por cientos de policías federales, todos ellos vestían el característico uniforme oscuro y grandes chalecos blindados, de pronto recordé que Felipe Calderón –el tipo ese que se hace llamar presidente de México- precisamente ese día presentaba su patético evento, ese que pomposamente insisten en llamar: “Sexto informe de gobierno”.

Si bien los policarpios ya estaban tomando su “lonche” y se miraban bastante relajados -el eventito ya había concluido- sin embargo las calles seguían cerradas, ocasionando la furia desbordada de los automovilistas y el desconcierto de los peatones, que intentábamos por todos los medios entender la lógica de la nueva redistribución de rutas de transporte, con la poco sana intención de caminar lo menos posible.

Fue ahí cuando me tope con ellos, al principio pude esquivar el primer volante que me extendían –tengo por costumbre no recibir publicidad que entregan en la calle, ya bastante basura tenemos sin ella- pero mientras más caminaba mas se hacían patentes las hordas de camisetas azules entregando a diestra pero sobre todo a siniestra toneladas de “papelitos”




Mi rodilla me propuso detenerme un momento, justo en la plaza de Francisco Primo Verdad –frente al Museo de la Ciudad de México- fue ahí donde uno de los miembros que después supe pertenecía a ese relativamente nuevo engendro llamado “Judíos Mesiánicos” me detuvo y me soltó a quemarropa –sin ruborizarse- que dios podía curar mi pierna, sonreí y le dije que gracias pero que confiaba más en la medicina y traté de continuar mi recorrido, pero iluso de mi, el pastorcito ya había hecho contacto y no iba a dejar ir a su oveja descarriada amen de herida, lo que imagino lo consideraba una ventaja más a su favor.

Me sonrió una vez más y me repitió: en verdad dios puede aliviarte, en ese momento decidí aceptar el reto y le cuestioné ¿a cuál de todos los dioses te refieres? 

- Al único al verdadero
- Mira no quiero hacer perder tu tiempo, soy ateo y no creo en ninguna religión 
- Yo tampoco, yo también odio las religiones, ¿me podrías permitir hacerte una oración, para que dios cure tu pierna? 
- Y dale con la pierna, la pierna está bien solo está en espera de cirugía pá darle su afinadita
- Pero dios te la va a curar; es omnipotente
- Mira si tu dios es todopoderoso… (y que le sorrajo la paradoja de la omnipotencia o paradoja de la piedra) si bien no fue fácil lograr que la entendiera, inmediatamente volvió a arremeter pasado el desconcierto inicial
- Solo deseo que conozcas la bondad de dios
- No quiero desencantarte pero la neta es que dios no existe, tú crees que dios me va a curar, pero partes de una primicia equivocada,  yo no puedo permitirte que hagas la oración, porque me sentiría ridículo, porque dios no-e-x-i-s-t-e. Ese dios del que hablas que supongo, por la estrella de David que llevas al cuello, se trata del dios Judeocristiano, pues ese y todos los otros no existen, siento decirte que te han engañado. 
- Jesús es el hijo de dios y sí existe él te puede curar (me volvió a insistir)
- Bueno te lo voy a poner en estos términos, ¿tú me permitirías hacerte una limpia para sanar tu cuerpo en honor a Huichilopoztli? 
- Si (sonrió) ¡viene! 
- (Me sobrepuse rápidamente a su malévolo contraataque) de acuerdo, solo que al final tienes que elevar los ojos al cielo y decir: “te pertenezco Huichilopoztli” 
- ¡Ah no! eso no, además yo no te estoy pidiendo que digas nada, yo soy el que va a orar.

En esas estábamos cuando se acerco una señora y a la voz de: ¿ya lo estas convenciendo? empezó a hablar y hablar que el catolicismo es la única y verdadera religión, que ellos no tenían ninguna autoridad para debilitar la fe, que los mexicanos siempre seremos católicos y guadalupanos…


En ese momento decidí retirarme, coloque mi mano sobre el hombro del camiseta azul a manera de despedida, pero el muy mentecato aprovechó este pequeño contacto -descuido imperdonable de mi parte- para mandarme un pase mágico en dirección a mi rodilla izquierda, a la vez que sonreía socarrona y triunfalmente.

Un par de calles más adelante, decidí revisar la propaganda que andaban distribuyendo los camisetas azules y me encontré con que andaban promocionando un evento “entrada libre” nada menos que en el escenario más distintivo de la ciudad; El Auditorio Nacional. En el panfletito se leía “Ven a recibir el inspirador mensaje de amor y esperanza del Rabino Jonathan Bernis… del 6 al 8 de septiembre”.





Los orígenes de esta secta no tiene mayor interés, baste comentar que “Los judíos mesiánicos” se presentan como judíos que reconocen a Yehoshúa –alias Jesús- como su Mesías, este movimiento aparentemente debe su origen a las creencias Anglo-Israelitas que tuvieron su apogeo en el siglo XVIII, así que técnicamente estos soldaditos de dios son una disidencia más del protestantismo anglosajón, con claras similitudes con los mormones, los testigos de Jehová y los adventistas. Si bien con la marcada diferencia de que estos se hacen llamar judíos, incluso observan sus mismas festividades: el Shabat, el Rosh Hashaná, el Yom Kipur, Shavuot, etc.

Desde luego que la comunidad judía se desmarca de estos singulares creyentes, se quejan y despotrican contra ellos,  los acusan -entre otras cosas- de que sus Rabinos son piratas, ya que ninguno de ellos es egresado de una verdadera Yeshivá –centro de estudio de la Torá- y otras chifladuras más.

Digamos que queriendo ser judíos cristianos, han terminado por ser cristianos con kiphá.

Ya pasaron tres días del incidente, incluso logre asistir a una conferencia mas. ¿mi rodilla? pues en términos generales igual, quizá un poco contrariada por haber sufrido semejante afrenta intelectual.







octubre 30, 2011

La morada de todos los Dioses



Hay un hilo de oro desde el mundo precolombino, y es un hilo que se inserta dentro de nosotros y, a base  de su propio desarrollo, va creando nuestro  personal mundo de imágenes.


Ricardo Martínez




Más de una vez he tenido conflictos verbales, por mi terco empeño en desvalorizar el nacionalismo, me encanta esparcir ácidos comentarios sobre las ceremonias escolares de los lunes, y lo cursi que me suenan las tonaditas patrioteras que se canturrean al pedazo de tela tricolor, que pomposamente llaman “lábaro patrio”. Esta socarrona crítica no es de a gratis, cualquiera que haya leído un poco de historia universal entenderá lo peligroso que suele ser, toda esta parafernalia nacionalista que nos tatúan desde la más tierna infancia.

Pero como todo mexicano que haya pasado por las aulas de la educación básica, conservo residuos de la brutal quimioterapia nacionalista a la que somos expuestos todos los párvulos, de donde quizá el surco más evidente; sea mi fervor por las culturas prehispánicas.

Incluso este entusiasmo me permitió acercarme a lo que hoy por hoy considero como la mejor –quizá la única- cualidad, que reposa en este homínido bloguero, me refiero orgullosamente al sano escepticismo.
Tendría yo alrededor de catorce o quince años, edad en la que andamos buscando afanosamente de donde somos, y como pá que servimos. Y como para ese entonces las sobrenaturales historias bíblicas, donde un hombre hecho de barro cobraba vida,  me parecían poco creíbles, gracias a la aparición del buen Carlitos Darwin en mis clases de ciencia naturales. Opte por patrañas más trepidantes.

Por aquel entonces mantenía yo, cierta adicción por los denominados “fenómenos paranormales” me encantaba leer sobre: el triángulo de las Bermudas, la telequinesis, los viajes astrales, la reencarnación, las profecías de Nostradamus, la astrología oriental y un buen número de  etcéteras mas.

Al año de regodearme en esta “cultísima” bibliografía, cayó en mis manos una revista donde aseguraban que los Mayas habían logrado tal esplendor, gracias a que visitantes del espacio exterior los habían dotado de conocimientos esenciales para su desarrollo. Y desde luego venía la famosa imagen tan difundida por estos mercachifles, donde sin rubor alguno afirmaban que; el soberano maya, K’inich Janaab’ – es decir Pakal- aparecía sentado en una nave espacial.


Pakal es su viaje al inframundo


Estas aseveraciones bastaron para que herido en mi dignidad Maya-Tenochca tirara a la basura todo mi material celosamente adquirido en ese tiempo; Si bien el libro “El mensaje de los dioses” de Erich Von Däniken, sobrevivió clandestinamente en mi pequeña biblioteca, pero hace unos meses en la última mudanza quedo al descubierto, por lo que desde entonces, yace –espero- en las catacumbas de lo inservible.

Precisamente por este antecedente me es grato enterarme que hace algunas semanas, se descubrió una plataforma durante los trabajos arqueológicos del Templo Mayor, máximo centro ceremonial del México prehispánico, ubicado aquí en “El ombligo del mundo” o pá no sonar tan presuntuoso llamémosle; “La ciudad de México Tenochtitlán”.

Al parecer se trata de una plataforma circular elaborada en piedra de tezontle y que aparentemente, bien podría ser uno de los cinco cuauhxicalco o edificios ceremoniales, que enmarcaban la plaza principal. Lo más palpitante del asunto, es que este recinto bien podría albergar los restos de algunos tlatoanis –gobernadores mexicas-.

Según las crónicas de Bernardino de Sahagún en “Historia general de las cosas de Nueva España” el fraile describía que en ciertas ceremonias un sacerdote bajaba desde lo alto, con una xiuhcoatl -serpiente de fuego- misma que depositaba en una plataforma en la parte baja frente al Templo Mayor, ubicación que coincide con la plataforma encontrada, la cual posee a manera de clavos arquitectónicos, unas bellas esculturas de cabezas de serpiente empotradas a todo su rededor, elaboradas algunas en toba y otras en basalto de hasta 45 centímetros de largo.













    






Me mantendré a la espera de manera impaciente -debo reconocerlo- para poder visitar este nuevo hallazgo, tal y como me sucedió con la más reciente pieza que ya tuve la fortuna de admirar en el  museo del Templo Mayor. La adorada madre que da nacimiento a todo lo que existe en el universo –animales, plantas, humanos, la luna y el sol - pero también como el ser atroz, que los devora en el momento de la muerte, me refiero a la extraordinaria diosa Tlaltecuhtli. Quien además surge con la proeza arqueológica de haber recuperado parte de sus colores originales, la bella deidad del inframundo mexica me recibió hace unos meses orgullosa, en todo su majestuoso y colorido esplendor.



Lapida cuadrangular de 4.19 por 3.63 metros


Supongo que más de uno –de mis cuatro lectores- comentará; “Que carajos sucede en este blog ateo, que frecuentemente se habla de seres quiméricos” y la neta tendrán razón, pero tratando de defenderme de lo indefendible, argumentaré que; me gana la inoculación nacionalista de la que fui objeto en mi niñez ¿Qué le puedo a hacer?

Todo este manoseo de seres divinos me acerco al recuerdo de un delicioso poema de Eduardo Casar, que me gusta bien harto y como la ocasión se facilita pá compartirlo; aquí va:




Dioses que no


Los dioses descontinuados andan entre los hombres.


Y van lentos, felices, desempleados. Paseando
de la manera más soberana y mas irresponsable,
sin rayos en las manos. Sin tener que inventar
ni venganzas ni tramas.


Se toman su cerveza en el café de la esquina.
Y escriben versos, a veces, donde cuentan
los verdes de los arboles.


A veces una uña
les recorre la espalda:
es el miedo, trasparente y helado,
de que los hombres vuelvan
a creer que si existen.




Después del "breviario cultural" continuemos:

Si bien como confesé en párrafos anteriores, mi ignorancia lectora me llevo por caminos que me alejaban de la “sacrosanta” ciencia, debo también revelar –con rubor en las mejillas- que fui lector de Carlos Castaneda. Aun recuerdo la conmoción que me causo leer las peripecias que supuestamente el autor vivió al lado del chamán Don Juan, en el ya remoto libro “Las enseñanzas de Don Juan”. Quien lo haya leído, seguro estará de acuerdo que al concluirlo uno ansía viajar –en sentido literal y metafórico- al territorio del dios peyote (Lophophora williamsii) y comulgar con tan venerada cactácea.


"la planta que hace que los ojos se maravillen"


Debido a los muchos kilómetros que separan a México Tenochtitlán, del desierto mexicano el viaje lo tuve que posponer por varios años –demasiados quizá- pero como dice el dicho: “No hay plazo que no se cumpla, ni …” hace algunos años enfile mis pasos al norte, rumbo al mágico “Real de Catorce” y esencialmente a Wirikuta, principal centro ceremonial de los Wixaritari o Huicholes.

Cuando ya te encuentras en pleno altiplano mexicano, con rectas interminables y paisajes de una bellísima desolación, te topas con Matehula, ciudad norteña de la cual me es inevitable hacer mención de lo que cualquiera puede observar a orilla de carretera.




Comuneros que debido a la vergonzosa miseria en la que apenas sobreviven, se ven forzados a vender animales silvestres, muchos de ellos en peligro de extinción y los ofrecen no al mejor postor sino, muy seguramente al único postor que se acerque, ya que la competencia entre ellos es lastimosamente cruel. Es un problema muy complejo donde se involucran mafias delincuenciales y gubernamentales, amparados bajo una corrupción e  impunidad, que les permite lucrar libremente con la miseria de la gente.
Les comparto aquí “Carretera del Norte” corto ganador de la Palmita de oro del 12° Tour de Cine Francés en México, que manifiesta en poderosas imágenes lo que sucede precisamente en esta zona.


Puestos de venta de diversas especies


Una vez pasando Matehuala, se encuentra a tiro de piedra Real de Catorce; que es una porción serrana dentro de un macizo montañoso de unos veinte por cincuenta kilómetros, que sin bien es pequeño es una de las sierras más altas del altiplano (sus cumbres rebasan los 3000 metros). Aunque Real, tiene fama de pueblo fantasma, en realidad nunca ha estado abandonado aunque lo parece, ya que sus poco mas de mil residentes apenas hacen bulto, en un pueblo que por sus dimensiones bien podría ser un lugar de más de 15 mil.


Mujer en una calle de Real de Catorce


Me queda claro que nunca podría describir a Real de Catorce con suficiente justicia, así que voy a trascribirles, lo que nos escribió Mercedes Aquino una de sus privilegiadas moradoras:


“La conversación, los amigos de otras partes, eso también me gusta de mi pueblo. Cuando has sido viajero, cuando tus ojos han visto otros horizontes, te queda para siempre una nostalgia del movimiento y que mejor manera de seguir andando que a través de la gente que nos visita. 


Real es tan especial que llegamos de todo el mundo, aunque muchas veces nos preguntamos cómo fue que el destino nos trajo hasta aquí. He conocido japoneses que siguen la tradición huichola, una suiza ranchera, danzantes aztecas casados con europeas, un lapón cuyos abuelos vivieron todavía en los tipis tradicionales de Finlandia, antes de que el alcohol llegara para casi acabar con las tradiciones.


He conocido drogadictos en viaje de purificación y purificados en viaje de perdición. He conocido artistas, intelectuales, campesinos, una cabaretera entrada en años que cuenta chistes excelentes, un regio encantador, un canadiense ambientalista (por cierto, gracias por el salmón). Un feo y triste millonario en crisis que no aguantó aquí ni veinticuatro horas y salió huyendo de este pueblo pagano. Modelos anoréxicas y ancianas locas; practicantes de yoga; un maori que se quitó la camisa para enseñarme sus tatuajes, un yucateco iluminado por los ácidos que introdujo en su cerebro, una alemana ecologista, varios italianos locos perdidos, un arquitecto guapo y una maestra de ballet excepcional, unos corredores de motocicletas alcohólicos, una siciliana ninfómana que casi termina con un par de matrimonios catorceños; una mujer mayor que huele a pipí de gato, un músico triste que toca el chelo maravillosamente, un surfista que todo el tiempo tiene frío aquí; una ejecutiva de alto nivel pretendiendo escapar por unas horas de la angustia que le provoca conservar su lugar; un grupo de estudiantes de fotografía que compraron unas imágenes para entregarlas de tarea; una tarotista oaxaqueña que vive en París, un niño ángel con sus rizos de oro y una maga que en las mañanas toca su flauta lakota. Y todos ellos, inevitablemente han caído bajo el influjo de Real”.





Túnel Ogarrio

Real es solo una pequeña parte del territorio sagrado del pueblo Wixarika, que en su peregrinar recorre esta vasta y hermosa región, para recolectar el hikuri (peyote) y dejar sus ofrendas. Anteriormente había ya escrito aquí sobre ello.


Wirikuta “El corazón de la vida” consta de más de 140 mil hectáreas, una extensión de incalculable riqueza cultural y natural. Wirikuta es parte de los Sitios Sagrados Naturales (UNESCO 1988) y  está próxima a ser declarada; Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad. 

La empresa Canadiense First Majestic Silver, en busca de oro y plata finiquitó la adquisición de 6,327 hectáreas que contienen 22 puntos de exploración de la antigua mina de Real de Catorce. Esto pone en grave riesgo a Wirikuta, en la entrada a la mina aparece un cartel de la First Majestic Silver donde asegura que la mayor parte de las acciones de exploración se llevará a cabo en zonas subterráneas y probablemente no serán vistas; sin embargo, algunas labores pueden llevarse a cabo desde la superficie. De cualquier modo, toda exploración requiere permisos y normas jurídicas, y existen una serie de inconsistencias, no hay trasparencia en las declaraciones, y al parecer ningún plan de explotación subterránea ni para desviar los flujos hidrológicos subterráneos, eso sin contar con el otro gravísimo problema que empobrece a la región me refiero a la plaga que resultaron ser las jitomateras agroindustriales,  quienes están desmontando las tierras donde crecen cactáceas protegidas por las leyes mexicanas incluido el peyote.







Como siempre sucede en estos casos, existe la otra versión que es diametralmente opuesta; el Ing. Juan Carlos González, vocero de la minera explicó en entrevista que: 

“La minería actual es una minería moderna que se rige por una reglamentación estricta; no son destructivas y se vuelven proyectos que protegen al medio ambiente y son una oportunidad de vida con un importante beneficio social. Que el proyecto tendrá una inversión aproximada de 100 millones de dólares, de donde se desprenderán dos mil empleos directos e indirectos”.

Si bien es cierto que tales argumentos neoliberales los hemos escuchado reiterativamente en casos similares, y a pesar que tal sistema económico es obvio que ya dio de sí -basta mirar al mundo para corroborar su innegable fracaso- sin embargo los devastadores parecen no tener llenadera.
Pero todo lo expuesto, solo son blandengues argumentos para los depredadores económicos, esos que solo saben de "inversiones estratégicas y sustentables" –léase todo páca nada pálla-.

Realmente; ¿en que benefician al país estos proyectos? mismos que no generan desarrollo, solo empleos inseguros y mal remunerados.


Sin embargo oigo cada vez menos voces preocupadas por estos temas, pareciera que el sistema neoliberal se ha infiltrado impúdicamente en la academia, lo que me hace especular que las nuevas generaciones han perdido aquel axioma que expresara el ex presidente chileno Salvador Allende, en aquel añejísmo discurso en la Universidad de Guadalajara:


"Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica"


Me da la impresión que actualmente muchos jóvenes se están desentendiendo de su papel contestatario y cada vez asumen mas posiciones acomodaticias en el actual sistema, ya sea por necesidad o desinterés.

Por eso y porque no me gusta como está organizado el mundo, y porque siempre me sentiré mucho más cercano a los pueblos indígenas por encima –muy por encima- de los grandes capitales. 

Y porque inevitablemente siempre acabo del lado de la defensa de las causas perdidas, y porque al igual que Joan Manuel Serrat, creo que: “Sería fantástico… que no perdieran siempre los mismos; y que heredasen los desheredados”.


Y porque me encantaría que mis hijos, mis sobrinos, mis nietos, y bisnietos, pudieran mirar los mismos paisajes, que yo tuve la fortuna de admirar, por eso mismo, desde aquí me pronuncio en defensa de Wirikuta la región del peyote... la morada de todos los Dioses.


Y para finalizar una probadita de la marcha del pasado jueves 27, en apoyo al pueblo Wixarika -se pronuncia "huirrárica"-



















septiembre 19, 2011

La enaltecida belleza de mirar doble



“Mirar las estrellas siempre me hace soñar, como sueño al contemplar los puntitos negros que representan a pueblos y ciudades en un mapa. ¿Por qué, me pregunto, los puntos brillantes del firmamento no son tan accesibles como los puntitos negros del mapa de Francia?”
VINCENT VAN GOGH 


El cuadro que ilustra esta entrada se titula El astrónomo y es obra del maestro holandés Johannes Vermeer (1632 – 1675) la escena es espléndidamente iluminada por la luz que penetran por la ventana, donde el personaje observa detenidamente un globo de Jodocus Hondius, también sobre la mesa podemos mirar un ejemplar de Institutiones Astronomicae Geographicae de Adriaen Metius, manual que literalmente era la biblia del astrónomo en el siglo XVII, cerca del globo se aprecia el indispensable astrolabio, instrumento que permitía medir la posición de los astros en la bóveda celeste.

Poco se sabe de la vida de Johannes Vermeer, situación que me entristece aunque por el momento ese indeseable detalle no entorpece mis peroratas, ya que hoy pretendo hablarles de otro Johannes; uno que nació precisamente en un país vecino de Holanda.
En Weil der Stadt, Württemberg, la antigua ciudad del Sacro Imperio Romano -ahora Alemania- misma que se encuentra al sur a unos 30 Km al oeste de Stuttgart.

                                                                                                                                 
30 Km al oeste de Stuttgart
Ciudad  Weil der Stadt
                                                                                                                                                                                                                                                                             

En una casa de fachada puntiaguda con torcidas vigas, cerca del mercado, vivía el pequeño Johannes junto a su pendenciero abuelo y las ruidosas discusiones de su madre Katherine y su abuela; la brutalidad de su padre a quien describiría como: “…Henrich, es un hombre vicioso, inflexible, pendenciero, y condenado a acabar mal”; las crisis psicóticas de su hermano, mas la docena de andrajosos hermanos, tías, y demás parientes todos viviendo en la miserable casucha, lo cual debió ser sin lugar a dudas una turbulenta experiencia. Fue un niño enfermizo, nació con miopía, poliopía monocular -es decir visión múltiple-, su estomago y la vesícula le causaban serios trastornos, sufría salpullidos y probablemente hemorroides; pero dejemos al propio Johannes que nos describa su historial médico: 

“A la edad de cuatro años casi morí de viruela, sufrí constantes molestias en la piel, grandes llagas y costras purulentas que se curaban y volvían a abrirse, en el dedo de en medio de la mano, se me incrusto un gusano y en la izquierda tuve una enorme úlcera, a los 16 años fui atacado por fiebres, a los 19 empecé a sufrir de terribles dolores de cabeza y trastornos en los miembros. La sarna se apodero de mí, y a los 20 años tuve trastornos mentales y corporales”.

Sin duda el pequeño Johannes no fue un infante gozoso, tan solo dos recuerdos habría de albergar en la caja de memorias felices de su infancia: A la edad de seis años cuando todo mundo hablaba de un cometa que se miraba en el cielo –año 1577- su madre lo llevo al lugar más alto para que pudiera verlo; y a los nueve sus padres lo instalaron fuera de la casa, para que observara una luna completamente roja, en el momento más esplendoroso del eclipse lunar.

Sin duda estos sucesos quedarían cincelados en la memoraría del pequeño hipocondríaco. Quien fuera concebido un 16 de mayo de 1571 a las 4:37 de la madrugada y naciera el 27 de diciembre a las 2:30 de la tarde, tras un embarazo que duro 224 días 9 horas y 53 minutos. Este chaval se convertiría en el célebre Johannes Kepler, Keppler, Khepler, Kheppler o Keplerus.

Estos aparentemente precisos datos así como los cinco diferentes nombres, son anotaciones que el propio Johannes llevaba en un diario-horóscopo-bitácora, escrupulosamente.

Uno pensaría que el futuro educativo del pequeñín Kepler estaría irremediablemente perdido con esos antecedentes, pero no fue así, gracias al proyecto educativo de la época en aquella región y sobre todo a que no existía ninguna pestilente lideresa sindical teutona, el joven pudo terminar sus estudios superiores en la Universidad de Tübingen, instruido en Astronomía por uno de los principales mentores de la época, nada menos que Michael Maestlin.

Obviamente la formación se basaba en el sistema geocéntrico de Ptolomeo que dictaba que los siete planetas –Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno- giraban alrededor de la tierra. Sistema que concordaba con el pensamiento católico de aquellos años. No tardaría Kepler en discordar con tales afirmaciones y acercarse al sistema copernicano.


                    



Al concluir sus estudios le propusieron la cátedra de Matemáticas en la Universidad de Graz, donde al poco tiempo sería expulsado debido a su conversión al protestantismo –Kepler consideraba el pensamiento protestante más cercanos a sus ideas que el católico- así que perseguido y sin trabajo se traslada a Praga en 1599 circunstancia que sería de enorme trascendencia para su futuro.

En esa preciosa ciudad se empleó como asistente de Tycho Brahe -quien era todo un personaje- mujeriego, lujurioso, borracho y fanfarrón. Cuentan que en su juventud, se reto a duelo con otro estudiante en disputa por los quereres de cierta bella dama, pero con tan desventurado final que el rival le cercenó de un sablazo parte de la nariz. El joven Tycho lo tomaría con filosofía y lejos de condolerse por su desfigurado rostro, aseguró que buscaría la mejor aleación posible para retocar el daño. Fue así como el  jactancioso escandinavo concluyo los últimos días de su vida con una elegante nariz de: oro, plata y cobre.


Tycho Brahe era el protegido del emperador Rodolfo II quien sabedor de la formidable capacidad del joven astrónomo, le cedió un castillo entero en la isla de Hven, para que instalara su observatorio.


El castillito de Tycho


Tycho era un astrónomo obsesionado, a él debemos un detalladísimo estudio de los movimientos de la luna, así como rigurosas observaciones de las posiciones de los planetas y de las estrellas, sus tablas eran de una precisión tal que hubo que esperar hasta la invención del telescopio para superarlas, ni los chinos ni los árabes fueron capaces de acercarse a tales exactitudes.

Estas tablas eran la fuente de información que nuestro joven Johannes necesitaba. El ya había publicado diversos estudios sobre el movimiento de los astros con mediano éxito. Le obsesionaba en especial el planeta rojo, había medido varias de sus posiciones pero no lograba encontrar el comportamiento exacto de su trayectoria, tal pareciera que el planeta tenía un movimiento totalmente aleatorio. Convencido como estaba de la veracidad de los estudios de Copérnico, visualizaba las tablas de Tycho como un invaluable tesoro que le podrían asegurar  la demostración de sus teorías.


Monumento que honra a Kepler y a Tycho


A dos años de trabajar juntos, resulta que Tycho después de una de sus tantas orgiásticas comilonas se retiro a chambearle, pero tan deseoso estaba de continuar sus observaciones, que declinó la natural necesidad de ir a “hacer de las aguas”.
Difícil dar un diagnostico a mas de 400 años de distancia, pero ya sea por alguna enfermedad anterior, o problemas de la próstata o quizá simplemente por el incomprensible afán de retener los ácidos úricos mas allá de los limites; las consecuencias fueron mortales.
 Todavía en su lecho de muerte maldecía por no poder continuar con su trabajo, mandó traer a su cercano colaborador, es decir al buen Kepler y le obligó a jurar que acabaría de completar las tablas. 
Fue así como murió Tycho Brahe en la ciudad de Praga en 1601 a los 55 años.

De golpe y porrazo nuestro querido y bien ponderado Juanito, se vio favorecido con una enorme cantidad de datos astronómicos. Puedo imaginar su gran júbilo, al fin podría responder la pregunta que lo atormentaba ¿Cómo demonios se mueven los planetas?.

Pero Kepler no sería Kepler sin fatalidades, resulta que la familia de Tycho no le permitió hacerse de todo aquel legado, he iniciaron un juicio legal para evitar que la información saliera de Praga, y por si fuera poco la ciudad era escenario de terribles guerras religiosas, nuevamente el intenso rencor católico apabullaba a los protestantes, por lo que; Johannes se vio en el dilema de decir entre la Ética y la Ciencia, lo pensó detenidamente por varios segundos y opto por la Ciencia así que salió velozmente de Praga con todos los valiosos documentos en sus valijas, sin autorización de por medio.

El infortunio lo seguiría, la peste mato dos de sus hijos y a su primera esposa, solo le quedaba su madre.

En 1615 recibió una carta de su hermana, solicitándole ayuda ya que Katharina -su progenitora- había sido formalmente presa acusada de hechicería, por haber embrujado a varios vecinos, de tener convenio con el chamuco y hasta de ser la culpable de la muerte de varios cerdos, entre otras muchas linduras. 
Si bien las acusaciones como todas las de la época se debían a envidias, odios y deseos de deshacerse de vecinos indeseables, en este caso una de las causas fundamentales de la acusación era una añeja publicación que Kepler había realizado años atrás.
Una novela titulada Somnium, donde el personaje principal era un joven llamado Duracotus quien viajaba a la luna gracias a unos conjuros que hacia la bruja de su madre invocando al diablo, ya estando en la luna Duracotus, vivía experiencias fantásticas. El cuentito se considero biográfico y fue la causa de que Doña Katharina estuviera al borde de la hoguera.

Seis años duro el juicio y aunque su anciana madre salió libre, murió dos años más tarde debilitada por la infernal experiencia en prisión.

A pesar de todo el buen Kepler se dio tiempecito para estudiar las interminables efemérides planetarias de Tycho, con cierto desazón al principio ya que; si bien contaba con datos precisos de las posiciones de Marte, no era capaz de hacer coincidir la órbita calculada con la posición observada, hasta que de pronto... ¡Bingo! Se dio cuenta que si cambiaba la órbita circular de Copérnico, por una elipse, el problema quedaba bellamente resuelto. Para 1605 Johannes había encontrado por fin respuesta a su atormentada pregunta, respuesta que a la fecha conocemos como La Primera Ley de Kepler.

"Las órbitas de los planetas configuran una elipse y el Sol se encuentra en uno de sus focos"





Poco antes en 1602, trabajando en un modelo de orbitas circulares y tratando de dar posición a un planeta, había  determinado la que sería conocida como su Segunda Ley:

"El vector que une al planeta con el Sol, recorre aéreas iguales en tiempos iguales"




Para mayo de 1618 publica su libro Harmonices mundi, escrito en los poquísimos tiempos libres que le permitía el proceso de su madre; donde queda en relieve su tercera Ley

“El cuadrado de los tiempos orbitales es proporcional al cubo de las distancias recorridos”



Ciertamente Johannes es conocido por sus tres leyes, pero bien sabemos que también destaco por sus aportes a la óptica –con todo y su miopía y visión doble- descubrió la reflexión total, y los fundamentos de la Fotometría, además desarrollo un sistema antecesor al Cálculo Infinitesimal.





Si has llegado hasta aquí supongo que tu opinión por el hipocondríaco y sabio alemán habrá tenido cierto incremento de simpatía, y quizás te preguntes que me motivó para invocar a tan celebre sabio muerto.

Pues resulta que –seguro te enteraste- hace unos días un grupo de astrónomos de la NASA publicaron un documento en la revista “Science”. 
El descubrimiento se trata de un planeta circunbinario –es decir con estrellas dobles- que se encuentra en la constelación cisne aproximadamente a 200 años luz de la Tierra.
Esto gracias a observaciones con el telescopio Kepler –precisamente-.
El grupo es dirigido por Laurance Doyle un antiguo protegido de Carl Sagan, quien comento: “Repentinamente y de forma inesperada después de años de buscar un planeta circumbinario —tenemos una belleza”.
Los científicos le han dado al planeta el nombre de Kepler-16b, -segunda alegórica coincidencia- según la nomenclatura del Sistema Astronómico Internacional. Pero informalmente lo denominan Tatooine, planeta donde vivían Luke y Anakin Skywalker, protagonistas de la saga "Star Wars" el cual también tenía dos soles.



  



Kepler -16b tarda 229 días en orbitar en torno a sus dos soles, que se encuentran a una distancia de 104 millones de kilómetros, aproximadamente la misma órbita solar que Venus.

Es un planeta gigante y gaseoso, similar a Júpiter, y sus dos soles son más pequeños que el nuestro, un 69% y un 20% respectivamente.

Un visitante desde la superficie del planeta, vería justamente: un doble atardecer, un doble amanecer y en ciertas ocasiones un único sol, en los días en que uno de ellos se coloca por delante del otro.
Aunque se sospechaba que sistemas de estrellas dobles, podrían albergar planetas, esos cuerpos más pequeños nunca habían sido vistos. “Esta es la primera detección directa, despeja toda duda”, dijo el doctor Doyle.


 Sin duda Johannes Kepler estaría más que agradecido.
Tengo un deseo furibundo de partir a Europa y visitar su tumba, empresa más que imposible, no solo por la crisis consuetudinaria que vive el país y mi cartera, la imposibilidad se debe a que aparentemente su tumba fue destruida durante la guerra de los treinta años. No tener los restos físicos del genial astrónomo me provoca un doloroso malestar.

Sin embargo, existe una lapida en su honor que tiene grabado a manera de epitafio, un mensaje compuesto por el mismo que reza…




“Medí los cielos, y ahora las sombras mido. En el cielo brilló el espíritu. En la tierra descansa el cuerpo.”